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|   Miércoles 26 Mayo 2010

Entrar dentro de una granja ha sido una de las experiencias más difíciles que he tenido en la vida. Ver a tantos seres encerrados, desquiciados por el encierro, por la falta de libertad, de movimiento, sin poder entender su situación…
Allí olor era insoportable, tanto que tuve que salir a los 5 minutos de entrar allí. El calor mezclado con el olor a amoniaco hacía dificil la respiración. No me imaginaba como alguien podía estar tanto tiempo respirando ese aire… ese aire hacía enfermar. Los cerdos gritaban, chillaban de pánico, y me pareció más un manicomio que un sitio donde vivieran animales. Ellos dormian, se movían lo que podían y hacían sus necesidades unos pegados a otros, incluso encima de otros.
En las tres granjas en las que yo he entrado no vi nada fuerte, eran explotaciones normales, y sin embargo me parecieron sitios en donde cualquiera de nosotros querría morir antes de vivir ahí, vivir así.
Vi a una madre que se inquietaba intentando recoger a sus hijos cerca de ella porque tenía miedo. Vi a madres abatidas, derrotadas, cansadas e inmóviles, incapaces de atender a sus hijos. Qué duro tiene que ser que te roben a tus hijos una y otra vez y no los vuelvas a ver.
Esas imágenes jamás se te borran. Ni el olor ni el dolor y la tristeza en sus ojos. Ni la impotencia de tantas muertes que no pudimos hacer nada por evitar.

Vive Vegano
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